domingo, enero 12

Una y mil veces


Una y mil veces te he amado
y, antes de saber tu nombre,
o ver tu rostro, ya te había
querido.
Como una llama cimbreante
sin reflejo y sin forma,
como una sombra que a través
de la luz resplandece.
Cuando el ángel de Dios,
permitió a mis ojos verte,
-nada que no fuese amor
al encontrarte- te vi, oh sí,
te reconocí tan pronto alcé
mis ojos y supe que te había
amado ya, una y mil veces.