domingo, agosto 5

A un amigo amado

A un amigo amado
No sé en qué silencio
la vida quedó inerte
o dentro del mismo
silencio murió en mí
tu mirada.
Alguien estuvo junto
a las cosas heladas,
alguien vino y regresó
a besar el mínimo
temblor de mi cuerpo
en la esperanza.
Apenas las aves
volaron, de loca
desesperación,
tal vez de calor
enmudeció el rumor
de la tarde tibia
en mi pecho.
Y oí tu voz alzarse
en trecho extremo,
-demasiado largo-
y no vi tu amada
silueta
ni reconocí tus pasos
tropezar calladamente
con la tarde hermética
de la muerte.


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