domingo, diciembre 25

Cielo y mar


Deja que se vaya
la fiesta,
ya están los ecos
yendo de guitarra
al monte;           
la fiebre ya mora
en el horizonte
y todo el perfil
es luz olvidada.
Déjame serte
fiel en mi morada,
no importa la sed
de la consciencia,
sino una senda
habitada, nuestra.
Juntos, sin miedo,
volveremos a ser
lluvia de invierno,
en el exquisito
aposento tú y yo.
cielo y mar.

En la orilla


Tiéndete aquí,
en la orilla
cabemos muchos
corazones. Ven.
No hay huella.
La arena tensa
los huesos
y tú asimismo
le perteneces.
Extiende
tu limada piel,
deja que el sol
te bese, amor.
Oh, ribera
que adivinas
tus primeras
casualidades,
arrímate, ven
como la vida.
Cautívame.