Deja que se vaya
la fiesta,
ya están los ecos
yendo de guitarra
al monte;
la fiebre ya mora
en el horizonte
y todo el perfil
es luz olvidada.
Déjame serte
fiel en mi morada,
no importa la sed
de la consciencia,
sino una senda
habitada, nuestra.
Juntos, sin miedo,
volveremos a ser
lluvia de invierno,
en el exquisito
aposento tú y yo.
cielo y mar.
