Allí me quedé, allí me aislé
junto a las raíces; luego de ti,
ya la nada abrazó mi alegría
y todo se quedó impasible.
La ausencia me escoltó y no
supe más de tu rostro,
a quien amé excesivamente
hasta el fin de los cantares.
Allí me eternicé, me detuve
en los andares y permanecí
dentro de la lluvia.




